Sintiendo la Unidad

Soy jefa. Sí, he de “confesarlo”. Dirijo a más de 200 personas en una multinacional alemana y, además, estoy al mando de un hogar con 2 gemelos preadolescentes, un marido que aún no ha aprendido a poner el microondas y un fox terrier blanco que ladra cada vez que oye el ascensor.
Tengo 2 móviles, 3 agendas, 1 tablet y un portátil.
Trabajo 12 horas al día y duermo 5. El resto de mi día es un caos entre lavadoras, supermercados y actividades extraescolares.

El sábado pasado cumplí 45 años. Iba a salir a cenar con mis amigas del colegio pero Trasto (el fox terrier blanco) estaba vomitando y ninguno de los otros 3 penes que habitan en mi casa podían atenderlo. Así que anulé la fiesta.
Mi mejor amiga Lola se plantó en mi casa. Decía que así no podía seguir, que necesitaba tener tiempo para mí misma. Trajo consigo un sobre con una tarjetita que ponía “SANERGIA, RECONEXIÓN TÁNTRICA, BIODESCODIFICACION, RUNAS CELTAS Y REIKI”.
Por supuesto, no entendí nada. Como vosotros.
Lola me explicó que a través de las Cartas de las Hadas Elfícas había sentido mis chakras bloqueados, además de un ancestro que era mi doble que no había sanado algo en otro plano del planeta Rafú.
Por supuesto, no entendía nada. Como vosotros.
Ya en castellano, me dijo que yo lo único que tenía que hacer era ir a una consulta de un chamán que vivía en el centro de la ciudad y dejarme llevar.
Seguía sin entender nada, quienes eran las Hadas, donde estaba Rafú y quién era ese señor ancestro y qué quería de mi. Ni siquiera sabía lo que era una runa.

La verdad es que metí la tarjeta esa rara en el bolso y ahora que he ido a pagar la compra en el super, la he visto.Tiempo para mí y dejarme llevar. Lola tenía razón. Eso es justo lo que necesitaba. La verdad es que no entendía muy bien qué tenía que ver ese galimatías con dedicarme tiempo, pero decidí llamar para pedir una cita y enterarme por fin de qué se trataba todo aquello. Si Lola me recomendaba aquello, por algo sería, no? Para eso están las amigas de toda la vida. Ellas saben lo que nos conviene.

Me alegró al menos entender los números del móvil que aparecían en la tarjeta. Algo es algo.
Una voz dulce y tierna respondió a mi llamada con un “Namasté”.
Mierda.
Ya sabía yo que el idioma ese era incomprensible por el oído humano.
Dije… ¿Hola?
Me dijo “Hola universo”.
No entendí nada tampoco, pero al menos, eso último me sonaba más a castellano. Empezábamos a entendernos por fin!
Le dije que Lola, mi amiga de toda la vida, me había dado una tarjeta suya, que tenía mucho trabajo, que tenía que ir a recoger a Trasto a la peluquería canina y hacer la cena, pero Lola creía que yo necesitaba tiempo para mí y dejarme llevar, que los martes y los jueves tenía que llevar a los gemelos a natación y a esgrima y que los lunes y los miércoles iban a golf y a catequesis porque en breve iban a hacer la Comunión. Le expliqué que los viernes no teníamos actividades extraescolares, pero que yo me tenía que quedar en la oficina a clases de alemán.
Todo eso le dije, con mis 3 agendas en mano y mirando la tablet.
Él no decía nada. Pero yo sentía que estaba ahí, al otro lado del teléfono, escuchando cada una de mis palabras y suspiros.
De repente, propuso una fecha y una hora. Magia! No me había dado cuenta que tenía 2horas libres entre el golf y la catequesis de los gemelos el próximo miércoles.

No tenía ni idea de qué ropa había que ponerse cuando una se dedicaba tiempo a sí misma. Lola dijo que yo solo tenía que ir y dejarme llevar. Así que la hice caso, como siempre, y me planté en la consulta de aquella voz dulce y tierna aquel miércoles por la tarde.
Llamé al timbre de una casa situada en el segundo piso de un bloque antiguo, justo en el centro de la ciudad.
Al abrir la puerta, me recibió un fuerte aroma a jazmín, mezclado con rosas. Tuve que cerrar los ojos para embriagarme por completo de aquel  intenso incienso. La casa estaba en penumbra. Una delgada silueta, que vestía unos pantalones anchos y una sencilla camiseta blanca, me invitó con un tierno gesto a cruzar el umbral de la puerta y sumergirme en aquel festival de luces y sombras bañada de olores eclesiásticos.
Me quedé allí plantada en la entrada de la casa, con los ojos cerrados, respirando cada aroma. Suave y dulcemente, sus brazos me quitaron lentamente el abrigo y fue colocando, sobre mis hombros, mechón a mechón, mi cabello alborotado por las prisas de no llegar tarde a la cita.
Sin mediar palabra, me dio la mano. Sentí una piel cálida y suave, que me guiaba fuerte pero dulcemente a lo largo de un  pasillo, hasta introducirme en una habitación que estaba a la derecha.
Creo que aquel olor me estaba colocando porque,  de repente, el tiempo se paró y comencé a sentir la rotación de la Tierra en todo mi cuerpo. Desde que esa puerta se abrió, no llegaban pensamientos a mi mente, solo podía sentir, cerrar los ojos y descubrir una explosión de sensaciones en mí.
Puro silencio. Pura paz. Entreabrí los ojos y vi unos destellos de luz. Velitas que rodeaban la estancia donde nos encontrábamos. Y le miré. Unos profundos ojos negros taladraban los mismos. Me eché a llorar. No recordaba cuando fue la última vez que mis pupilas se encontraban con su propio reflejo. Me abrazó tiernamente. Como si fuera una niña recosté mi rostro en su pecho. Y lloré. Y lloré…
Me recostó lentamente en una camilla de masaje que ya estaba preparada y me dejé caer. No había notado hasta entonces todo lo que me dolía la espalda. Sus manos secaron amorosamente mis ojos. Me sentía tan amada por todo el universo que era inevitable sonreír como una niña. Él fue poniendo sus manos sobre cada parte de mi anatomía sin rozar ni un trozo de mi piel. Imponía sobre mí toda la energía del universo a través de las palmas de sus manos que no tocaban mi cuerpo, si no que me daban calor y amor a escasos centímetros de mi contorno.
Desde mi cabeza hasta mis pies, pasando por mi pecho, abdomen y muslos, sentí energía de Vida recorrerme que me hacía vibrar en una danza de paz.
En un momento dado, su cuerpo se tumbó encima del mío y comenzamos a movernos al ritmo de nuestra respiración.
Dos cuerpos entrelazados en aquella camilla trajeron al plano físico la etérea Unidad del Ser.
Solté agotada el mundo que había estado sosteniendo tantos años en mis cansados brazos, para descansar en la paz del universo.

Mi amiga Lola tenía razón. Necesitaba un tiempo para dejarme llevar.

 

Sostenemos con nuestros cansados brazos historias, preocupaciones, creencias, problemas…todo un mundo de sinsentidos que agarramos fuertemente y que nos aleja de lo que realmente somos, de nuestra esencia, nuestra energía. Nuestra verdadera naturaleza es amor.
Quizás te puedas regalar un instante para volver a conectar y sentir la paz que eres.

y… ¿cómo se puede sentir paz en este mundo que nos rodea? hay muchas técnicas que puedo compartir contigo. Ponte en contacto conmigo en info@teresasalgado.com y tlf 637 46 41 49.

La primera consulta es gratuita!

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