“Me gustan los hombres…”

Me gustan los hombres delicados, que hablan suave y te tocan tímidos y te miran de reojo. Que se mueren de vergüenza si les dices un piropo y les das un pellizco en el culo.

Me gusta su sensibilidad y su ternura. Que no tengan ni un solo pelito en su cuerpo. Que tiemblen ligeramente al acogerte en su regazo. Que después de hacerte el amor, se pasen toda la noche abrazándote por detrás como una cucharita, sin apenas moverse, sin poder conciliar el sueño porque no pueden parar de admirar tu belleza.

Hombres que te atusan el pelo a la menor ocasión, que te hacen cosquillitas en la espalda y  te dan mil mimos en cada despertar a su lado.

Que yo esté horneando galletas en la cocina, y que se acerque por detrás  para susurrarme que soy la mujer más bella del mundo. Que sus brazos delicados me mezan en un suave vaivén al penetrarme, despacio, sin prisa, sincronizando su respiración a la mía.

Hombres a los que le guste la música, que toquen el piano, o la guitarra, o mejor aún, los timbales! que canten y bailen a cualquier ritmo.  Esos hombres que combinan colores al vestir, que aprecian si has cambiado de perfume o si llevas unos nuevos pendientes.

Esa extrema sensibilidad  me vuelve loca, muero de puro amor. Me derrito en sus tímidos brazos. Hombres que no te hacen daño al tocarte los pechos, porque los tratan con delicadeza, con mimo; cada centímetro de tu piel es para ellos, como una lámina sagrada. Hombres que  te cuentan al oído lo que sienten, que hacen yoga y leen a Osho.

Muero por esos pantalones anchos, por esa delgadez de niño inocente pidiendo y dando amor a raudales.

Hombres que escuchan desde el corazón cada cosa que dices y que no dices. Su intuición me maravilla. Nunca levantan el tono de voz.

Te abrazan lento y te hacen el amor despacio, mil caricias recorren tu piel antes de sentirle dentro de ti. Hombres que saben cuando la Luna se vuelve oscura y cuando la Luna se llena.

Hombres generosos a los que les gustan los niños, y juegan con ellos con una paciencia infinita.

Hombres creativos que pintan, que dibujan, que hacen poesía y recitan mantras. Que cuando quedas con tus amigas, ellos son como una más, todas le cuentan sus secretos  porque él es la comprensión personificada.

Me enamoran esos hombres. Los huelo. Los detecto a leguas de distancia. Me atraen como un poderoso imán. Caigo rendida a sus pies descalzos al instante.

Claro que…cuando me veo en pleno Colombia conduciendo un jeep por un camino de tierra entre cabras, y esos hombres acaban siendo el copiloto, se asustan y cierran los ojos….se me cae la líbido al suelo.  Y cuando soy yo la que cargo las maletas porque como peso 20 kilos más que ellos, parezco Hulk a su lado. Hombres que tienen la sangre de horchata. Que podemos dejar que el vecino de arriba baile claqué un lunes a las 3 de la mañana sin decir ni mú. Hombres que se asustan de que aparezca una iguana en la casita de la palmera en la que dormís en  Maldivas.

Si soy yo la que tiene que discutir con el camarero por cobrarnos de más, porque él acepta pusilánime “todos los escenarios que el Santo Universo nos regala”… pues ya se me van las ganas de follar para siempre.

En esos momentos, en los que quiero colgar un cuadro, arreglar un cajón que no abre bien, o reparar el grifo de la ducha que gotea, pues echo de menos a hombres de pelo en pecho con un buen taladro. De esos que te dicen “reina” y ven la Liga, La Copa, la Champion y lo que haga falta.

Esos hombres que saben arreglar todo. Que te agarran por la calle haciéndote segura de ir bajo su regazo; hombres con un pecho tan ancho de levantar pesas en el gimnasio, que puedes dormir confortablemente encima de sus abdominales.  Hombres que jamás verían una comedia romántica en el cine contigo. Ni en el cine, ni en casa, claro.

Hombres que se quedan en la barra poniéndose ciegos a copas y que no bailan ni borrachos. Hombres que comen corderos y chorizos. Hombres que usan un perfume masculino que tus feromonas detectan al vuelo y te dan ganas de que te ponga de espaldas en cualquier rincón y te dé lo que te mereces en un minuto.

Hombres que se dan la vuelta para dormir a pierna suelta después de hacerte el amor como verdaderos forajidos en el Lejano Oeste.

Hombres que siempre te ven hermosa aunque no hayas combinado bien los colores de la ropa interior. Hombres a los les gusta salir con sus amigos a jugar al fútbol y tomar cervezas.

Me gustan esos hombres porque nunca sé lo que sienten. Me tiro horas observándoles y son inescrutables. Me apasiona jugar a adivinar qué sienten o qué piensan. Me maravilla ver cómo pueden estar horas y horas sin realmente pensar nada.

Hombres que te despiertan a medianoche para echarte un polvo como si no hubiera un mañana. Que no se tiran una hora besuqueándote mientras tú estás muerta de frío y de sueño. Hombres que matarían si alguien te faltara un ápice el respeto.

Realmente, me doy cuenta de que me gustan los hombres. Los amo!! A todos y cada uno de ellos. A los que cocinan y a los que no saben ni encender el microondas, a los que ponen la lavadora y  también a los que dejan que los calzoncillos anden solos por el suelo. Hombres que a veces bailan como una Drag Queen o que se quedan en la silla cazando gamusinos.

Al fin y al cabo, hombres. Bellos seres con brazos torneados y mucha energía entre las piernas. Hombres que te cuidan, que te protegen, que te eligen como la única mujer madre de sus hijos. Hombres que sienten, lo expresen o no.

Son tan bellos…tan sencillos y a la vez tan complicados…que es imposible no amarlos.

 

Algunas veces, las mujeres no estamos en contacto con nuestra energía femenina y acabamos comportándonos como verdaderos machos de la manada, cuando nuestro rol es el de cuidar y nutrir al mundo con nuestro amor delicado y sutil. Otras veces, son los hombres los que no sacan su lado femenino, y son tan rudos y distantes, que no puedes sentirte amada en sus brazos, porque no saben amar a una mujer; están demasiado ocupados cargando con el mundo de producción y dinero que les hemos puesto encima.

Estar conectado con tu energía primal, y a la vez, tener en ti un equilibrio de lo masculino y lo femenino, hace que las relaciones de pareja, entre compañeros de trabajo de amistad, fluyan.

Quizás necesites volver a sentir el poder masculino, o bien conectar con la bella diosa que hay en ti. O equilibrar ambas. Yo te acompaño en el camino! Es mucho más sencillo de lo que crees.

Te espero en info@teresasalgado.com o en el tlf 637 46 41 49.

 

 

1 comentario
  1. Luis Carmona
    Luis Carmona says:

    Olé, está de 10! es genial leer a una mujer hablando de estos temas sin tapujos, y describiéndonos tan fenomenalmente. Y sobre todo, lo que dices del equilibrio. De eso se trata… Enhorabuena Teresa!

    Responder

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