Luces y sombras

Lo de acostarse con el jefe siempre me ha parecido un micromachismo de esos que no soporto. Pero a veces la vida te explota tus propios prejuicios en la cara.

La verdad es que él nunca me había llamado la atención como macho sexual. Sí que me había llamado la atención como jefe, así que procuro estar atenta a sus gestos, tono de voz, miradas, vestimenta…para intentar descifrar cómo iba la empresa y qué ambiente laboral se urde en la oficina.

Pero ahora que lo pienso más detenidamente, puede que tras  ese interés meramente laboral, se escondían furtivos deseos hacia el torso musculado que se dejaba entrever bajo sus camisas de marca y aquellas serias corbatas.

Mi mesa estaba cerca de su “pecera” , así que podía ver desde un lateral sus idas y venidas. Realmente, antes de verle, le olía. Llevaba un fuerte perfume comercializado para despertar todas mi feromonas al instante.

Me sorprendí a mi misma varias veces posando mi mirada en su trasero unos minutos más de lo políticamente correcto.  Ni yo misma sabía qué significaba realmente este cosquilleo que sentía entre las piernas y ese brillito en mis pulilas acompañados de aleteos de mariposas en mi estómago cada vez que ese perfume adelantaba su aparición estelar en la oficina.

En la cena de empresa de Navidad, me pillé  a mí misma eligiendo un vestido más atrevido de lo habitual y preocupándome en exceso por la lencería que llevaría aquella noche.

Pero, lamentablemente, no pasó nada. Me ignoró durante toda la noche. Después de varios chupitos de Jagermesiter, yo intenté algún acercarme en varias ocasiones, pero me sentí sumamente ridícula e ignorada.  Y regresé a casa con una leve punzada de decepción. Me sentía absurda, ¿cómo un hombre poderoso como mi jefe se iba a fijar en alguien como yo? Yo suponía que  él podía tener a todas las mujeres que quisiera.  Me preguntaba si  aquel  hombre fuera de la oficina, era uno más, si pasaría desapercibido o  era aquel entorno empresarial el que le confería  un poder que me resultaba irresistible.

Tampoco sabía seguro si él  tenía tanto éxito con las mujeres como yo me imaginaba. Sólo sabía que tenía  novia y que vivían juntos en una bonita casa a las afueras de la ciudad a la que iban y venían en sus respectivos BMWs.

Y de repente, ocurrió…nuestros ojos se cruzaron unos instantes más de lo políticamente correcto en una reunión e  intuí que en aquel cruce de miradas lascivas me desnudó al completo. No me lo podía creer. Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo teniendo como epicentro mi vientre.  Se me erizaron los pezones y sentí un ligero calor húmedo vibrar en mi interior. Desde aquel cruce de miradas, no podía parar de desear quitarle el traje  y descubrir por fin qué había debajo de esa camisa de marca y ponerme su corbata por sombrero.  Así que, desde aquel entonces,  decidí ir sin ropa interior al trabajo. Así estaría preparada en cualquier ocasión que nuestros cuerpos  personificaran la orgía mental que yo me había creado ya en mis más oscuros deseos.

Y…una noche que me tuve que quedar en la oficina a redactar un informe hasta tarde, mis fogosos oscuros deseos se hicieron realidad. Él también se quedó más tiempo y comenzó a recoger sus cosas para marcharse también cuando me vio apagar mi PC y coger las llaves del coche camino del ascensor del parking. Vino detrás de mí y pude oler de cerca ese perfume  de poder que despertaba en mí todo el deseo carnal de una mujer que iba al trabajo desde hacía 2 semanas sin ropa interior.

Ya esperando el ascensor, me sujetó por detrás  apoyándome contra la pared de frío mármol y aquel muro se derritió al instante.  Comenzó a besarme el cuello, a agarrarme del pelo y , aún colocado detrás de mí, sentí su dureza crecer en mi trasero.  De pronto, llegó el ascensor y me empujó a trompicones haciéndome perder el equilibrio y cayendo al suelo debajo de él ya de bajada al parking.

Os aseguro que fue el viaje en ascensor más excitante de toda mi vida. Lo que ocurrió dentro de aquel cubículo, solo lo sabemos él y yo. Al llegar al parking, tuve que firmar una cláusula de confidencialidad.  Menos mal que a veces voy sin bragas pero que siempre llevo un boli en el bolso.

 

Llevar una vida paralela, tener ocultas tus sombras y no aceptar que todos somos  tanto luz como oscuridad, nos hace sentirnos separados y fragmentados, sin ser capaces de distinguir entre lo real y lo imaginado.

Si quieres ahondar en tus sombras para brillar con luz propia, ponte en contacto conmigo y te cuento cómo.

info@teresasalgado.com

tlf 637 46 41 49

 

 

 

 

 

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