Besos de mujer

Nuestras miradas se unieron en el espejo del baño del bar en el que estábamos aquella noche. Ella me agarró por detrás, levantando mi cara hasta que nuestros ojos se encontraron en el mismo reflejo, dijo: “Tú eres de la única de la  que te tienes que ocupar”.
Después, giró con sus firmes manos mi cara hacia la suya y me besó.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y mis pezones se erizaron bajo mi vestido empapado de lágrimas, sudor y alcohol. Fue el beso más profundo y orgásmico que había experimentado en toda mi vida. Los hombres no besan así. No besan como dándote el alma, como sintiendo el universo en tu boca.

Os preguntaréis cómo una chica heterosexual y con pareja estable como yo, había acabado morreando a una desconocida frente a un espejo en el baño de un bar.
Pues fue uno de esos jueves que salí asqueada de la oficina. Llevaba demasiadas semanas trabajando 12 horas al día. Además, la noche anterior había pillado a mi novio en nuestra cama masturbándose con una mujer que salía en la pantalla de su ordenador. No podía más, llevaba tantos meses trabajando tanto que hasta entendí que mi novio tuviera que desfogarse con otra mujer. No pude evitar sentir repulsión, asco, y culpa. Repulsión por hacer algo tan íntimo con una desconocida. Asco porque fuera sobre el lecho que compartíamos cada noche desde hacía 3 años. Y culpa por no haberme dado cuenta de que llevábamos semanas sin acostarnos.
Así que al día siguiente de que se me quedara grabada en mi mente la imagen de mi pareja disfrutando del sexo con otra on line, pues salí de trabajar más tarde de las 22h y muy harta de mi culpa, mi asco y de toda mi repulsión.
Me paré en el bar de la esquina que está al lado mi oficina y entré a tomarme un trago. Siempre había querido hacer algo así, como en las películas de Hollywood. Tomarme un trago sola una noche cualquiera entre semana. Ron a secas. En las pelis suelen tomar whisky pero es que a mí no me gusta. Así que ya que yo no era ninguna actriz norteamericana famosa si no una corriente oficinista estresada, pues me apreté un ron con hielo nada más sentarme en uno de los taburetes de la barra.

Ese ron fue el principio del fin de mi culpa, de mi asco y de mi repulsión.
Nada más tomarme el primer trago, noté como que mi cuerpo se relajaba y la tensión que había en mí, se aflojaba un poco. Cerré mis párpados por un instante, respiré profundo y cuando abrí de nuevo los ojos, me topé con 2 lunas negras en frente de mi cara. Eran los ojos de la bella camarera ,que me miraban fijamente, escudriñándome, como si quisieran penetrar en mi interior. No pude mantenerle por mucho tiempo aquella felina mirada, y bajé mi atención a su sinuosa boca y después, a su prominente escote.
Y le conté todo. Lo del trabajo, lo de que mi jefa era una hija de su madre, lo de mi novio masturbándose…todo. Y le dije también que estaba muy cansada de sostener el mundo entre mis manos. Que si la vida era esto que yo no quería vivir más. Que estaba agotada de tener que tirar de todo, que no quería sentir más ni asco, ni culpa ni repulsión. Todo eso y mucho más. Aquella noche me quedé vacía de mí. Y me llené de Ser. De ser yo misma. De ser mujer.
Después de unos cuantos rones, unas cuantas lágrimas, más de un abrazo cómplice en su regazo y mil miradas de complicidad, acabé vomitando. Sí, esa soy yo, en el mejor momento, la lío y le quito todo el encanto a la situación.

Y así fue como una chica heterosexual con pareja estable acabó sintiendo el beso más profundo y orgásmico de su vida, en el baño de un bar, frente a un espejo, con su propio reflejo.

 

Las mujeres tenemos tendencia a sostener el mundo en nuestros brazos, a darnos al trabajo, a la pareja, a los amigos, a la familia al 200% y no nos queda ni un ápice de energía para atendernos a nosotras mismas. Quizá podamos tomar conciencia de nuestro centro, de nuestro poder y darnos cuenta de en qué lugar nos colocamos a nosotras mismas en nuestra agenda y en nuestras listas de prioridades.
Sin atendernos, sin cuidarnos, sin escucharnos y mimarnos a nosotras mismas, no podremos atender, ni cuidar ni escuchar ni mimar a los demás, porque estaremos enfermas, cansadas y vacías.
Si quieres recuperar tu poder femenino, ponte en contacto conmigo y te cuento cómo yo conseguí ser dueña de mi misma y ser mi más absoluta prioridad, y cómo acompaño a muchas mujeres para que recuperen su centro y su poder. 

info@teresasalgado.com

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